- Enfrentar los "nuevos" problemas de estructura y comportamiento del aparato productivo lationoamericano que fueran surgiendo como consecuencia de las reformas estructurales, y que atentan contra la eficiencia microeconómica y la equidad distributiva.
- Corregir "fallas" de mercado, por ejemplo, en los mercados de capital de largo plazo o en los de tecnología, que dificultan la adaptación a las nuevas reglas del juego de innumerables empresas, ramas de industria, regiones, de cada economía.
- Avanzar en la creación de nuevas instituciones relacionadas con el desarrollo tecnológico, aprovechando la existencia de economías de escala, de complementariedades estratégicas en el nivel meso y microeconómico, de sinergias en el ámbito municipal y local.
Las políticas de innovación y difusión tecnológica deberían capitalizar y potenciar los nuevos patrones de especialización productiva e inserción en los flujos mundiales de comercio que exhibe hoy la región, buscando aumentar el valor agregado doméstico y los contenidos unitarios de ingeniería y conocimientos tecnológicos.
Para avanzar en el tema de la política tecnológica y de fomento productivo es imperioso incrementar significativamente al gasto doméstico de I&D y en difusión de tecnología -que en ningún caso alcanza a 1% del PBI en los países de la región- y crear incentivos que estimulen el gasto privado en esta materia.
Los empresarios invierten en I&D para crear asimetrías de información y para ganar poder de mercado. Esas fuerzas son las que mueven el animal spirit empresario e inducen a éste a acumular y crecer, adelantándose a sus rivales. En un mundo sin asimetrías de información, la acumulación de capital tiende a languidecer y el sistema converge a un estado estacionario en el que desaparece el motor del desarrollo capitalista.
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